|
Dibujando América
Notas y apuntes de un viaje de 100 días entre Caracas y Lima
Gilda Mantilla y Raimond Chaves
Del 8 de marzo al 28 de mayo en la Sala 1
El 27 de mayo de 2005 partimos hacia Caracas, en un viaje planeado para llevarnos por carretera, desde Venezuela a Colombia, Ecuador, el norte del Perú y de vuelta a casa en Lima.
Dispuestos a utilizar el dibujo como la herramienta para acercarnos y conocer -durante los 100 días que duró nuestro trayecto- dibujamos, fotografiamos, leímos, borramos, y buscamos otros dibujos y otros modos de dibujar.
La verdad es que el viaje había comenzado bastante antes, difícil decir exactamente cuando, y no terminó hasta mucho después de haber vuelto a casa, cuando lo visto, oído, recordado o inventado se puso sobre papel. Dibujando América consiste en estos y otros viajes.
Esta publicación recoge algunos dibujos realizados antes, durante y después de esta primera jornada; los mismos que se presentan en la exposición Dibujando América. Notas y apuntes de un viaje de 100 días entre Caracas y Lima, en las ciudades de Madrid, Valladolid y Lima.
  
Algo va a pasar
Rodrigo Quijano
1.Quisiera comenzar estas notas con una declaración de Gilda Mantilla: Algo va a pasar y algunas veces los dibujos sirven para saberlo, o al menos intuirlo. La declaración es transparente y directa aunque admite un tope: es en la intuición en donde está el límite de esa sabiduría y, sin embargo, queda claro que el dibujo es aquí una herramienta que ampara de manera simultánea la experiencia y el conocimiento. Si para los renacentistas la calidad del dibujo era en sí misma un síntoma de la conciencia y de las ideas claras – y el soporte gráfico de una representación vinculada a las coordenadas de una modernidad en ciernes, perspectiva y proporciones incluídas-, queda también claro que luego de un extenuante recorrido histórico, esas coordenadas han sido ferozmente desdibujadas. Quizás baste un acercamiento a las imágenes de este proyecto en proceso para preguntarse si lo mismo no ha pasado con las demás coordenadas de lo real y si las herramientas de la llamada hiperrealidad no han ido diluyendo y empujando las fronteras de toda certeza respecto de eso que se ha venido llamando real. La pregunta es retórica, por supuesto, pero aquí al menos otra cosa es clara: frente a un horizonte tecnológico agudo e hiperpixelado, el dibujo sigue encarnando un sensor de la pulsación humana. Aun así, frente a ese sensor, otro tipo de censores pretenden que esa pulsación es unívoca y unidireccional, inobjetable y tontamente eurocentrada. Y sin embargo, cuando Chaves + Mantilla optan por la línea es precisamente para esquivar toda huella respecto de esa linealidad. 2. Los contornos de ese ejercicio son por eso discontinuos y no sólo heterogéneos. En cierto modo, el recorrido que emprendieron en este viaje hace que eso funcione más como una necesidad por adaptarse a un territorio geográfico y cultural que a un credo definido al respecto. La opción por el dibujo es claramente por un hermano menor de la representación artística actual, una herramienta de baja fidelidad y, sobre todo, la renuncia a uno de los medios principales que, como la foto, permiten desde hace mucho dar una “apariencia” de participación en los hechos -al decir de la Sontag, casi medio siglo atrás. De todas maneras, el dibujo es uno de los muchos medios de trabajo de Chaves + Mantilla desde hace mucho tiempo. De hecho, hace algunos años, antes de la fructífera ecuación, Raimond Chaves sondeó zonas remotas de la subjetividad y la sensibilidad política colombianas al operar sus dibujos a partir de unos retratos-robot de unos guerrilleros aparecidos en el periódico. Retrato-robot, sin embargo, es un constructo que dice poco sobre el asunto en este caso. Hay que preferir la versión de la vieja jerga policial gringa usada todavía de este lado del mundo: el identikit, más elocuente en su descripción, pues es el kit usado para la identificación, la herramienta de tanteo y de aproximación a “eso” que aun no sabemos identificar. Como ejercicio, el dibujo es aquí posible método de conocimiento. Como método conjetural, el dibujo es quizás también una cierta forma de tratar con cierta cosa inexpresable o, si se prefiere, inefable. 3. Y de manera similar a la forma en que Carlo Ginzburg describe el método de Morelli de identificación de grandes maestros por los detalles, los detalles de Dibujando América operan también como un amplio registro de huellas, de indicios diversos, de rastros a seguir. Y en ese sentido son a su vez tanteos en pos de la reconstrucción de un gran todo del cual sólo se le ven algunas partes y no siempre las más consensuales. El trayecto de este viaje es por eso un levantamiento de indicios y también de datos. La mirada del viaje por ese núcleo específico sudamericano que hacen Chaves + Mantilla posee un interés propio por el paisaje cultural y por ciertos matices vinculados a las comunidades y las ciudades en su versión popular. Tanto Gilda Mantilla como Raimond Chaves, juntos y por separado, han tenido siempre un ojo atento a la producción gráfica de lo popular latinoamericano y un interés especial por las formas de organización, de redistribución del poder al interior de las comunidades, y por las formas celebratorias de estas vertientes con un pie en la vida y otro en la política -si acaso cabe aquí tal distinción-. Como vertiente que llena de sentido y de filo la línea del dibujo de ambos artistas, los discursos que emergen reflexivamente de este proyecto son a veces los del descontento en evidencia, pero a veces simplemente la constatación de las fuertes desigualdades que día a día definen la vida diaria del continente atravesado por el recorrido. 4. El viaje elude en consecuencia los territorios de la paisajística habitual y se concentra en el registro micro de la gente, en el trazado del transporte urbano, en sus redes ciudadanas, en el detalle abstraído y simbólico de lo arquitectónico o monumental y en el gesto emotivo convertido también en trazo abstracto, en una suerte de resumen grafológico de la experiencia. Evitan cuidadosamente toda mirada fetichista acerca del viaje mismo y toda beatitud vinculada al mito de la carretera. De hecho, casi no hay carretera visible en este recorrido. Así, el necesario hilván de esta experiencia se produce entonces en el énfasis sobre los detalles de lo dibujado y sobre cierto registro lineal que incluye en el paquete al texto, en su versión explicativa y legible, y así mismo al texto en su versión dibujada y representacional. Ahí es donde trabajos como Comecoca o El Placer reproducen con ironía y lirismo su inagotable proceso metonímico, silueteado y a pedazos, extrayéndolos de un territorio a otro, volviéndolos objetos dibujados reconocibles. Aquí se trata de la representación a plazos de un continente en plena desarticulación y en plena efervescencia. Esa efervescencia que sin duda alguna es de la habla del dibujo como del trazo de un sismógrafo para la experiencia de ambos artistas y en la experiencia colectiva a la que tratan de acercarse. 5.Ahí donde hay fractura visual y visible en el proyecto mismo y ahí donde se encuentran aquellos pedazos de lo visitado y lo recogido en el camino, es donde probablemente se encuentre también la verdad del paso de la experiencia a lo dibujado. Frente a la pretendida homogeneidad de la imagen globalizada, emitida desde los cerebros electrónicos de la prensa mundial corporativa, la experiencia a retazos del montaje de estos dibujos, del montaje mismo que son estos dibujos, propone una opción clara que está ética y políticamente en contra de esa cooptación tecnologizada de la imagen. Una imagen que como toda imagen nunca es inocente y que lleva la carga de la reflexión y digestión de todo lo visitado. El rango de las imágenes con las que ambos artistas trabajan es además parte de un vasto ejercicio de archivamiento y análisis de un botín simbólico apreciable: folletines, retratos de artistas callejeros, publicaciones de marketeo y sabiduría popular, periodismo regional, literatura de bolsillo roto, imágenes halladas en la periferia de la periferia, en el deshecho virtual – a veces real- de una cultura intensamente en movimiento. Que una lectura simbólica tan apreciable surja de tanto detritus y que todo esto suceda en los momentos del súbito despertar de poblaciones diversas, en medio de una evidente ofensiva imperial/colonial, tampoco parece mera casualidad. Aunque tampoco hay carácter épico detrás de esto, como ha sido el lugar común de casi todo lo que se ha dicho convencionalmente sobre y a partir de América (y en ese sentido, acaso el título del proyecto suene engañosamente ya escuchado). Pero la pregunta a la que contestan los artistas no está más acabada de formular que su respuesta. Quizás es eso lo que hace que el proyecto no esté supeditado a perspectiva política específica de ningún tipo, y por fortuna exorciza de él una mirada turística y contemplativa, y evita una complicidad con el mercado, siempre inútil para cualquier propósito de conocimiento. De ahí cierta frescura cartográfica en el resultado del viaje, de ruta por descubrir. Y de ahí también que estas sean imágenes trozadas de algo que se vuelve cada vez más difícil de ver y de entender en la historia diaria del mundo, del otro mundo al que hay que acercarse a mirar y dibujar para entender lo todo. Algo tiembla en ese paisaje y algo se agita detrás del follaje que aparece de vez en cuando en todo este trazado. Algo va a pasar y, más precisamente, ya debe estar pasando mientras miro estas imágenes. ¿Qué es lo que va a pasar? ¿Qué es lo que está pasando? Frente a todo lo demás, el dibujo es algo que le sigue tomando un pulso distinto a las cosas. Frente a todo lo demás, quizás hoy en día son las imágenes las que precisan ser redefinidas, rescatadas del sentido único al que se resisten a ser empotradas y así poder ver, precisamente, qué pasa. Pasarlas bajo el tamiz insistente y afilado del dibujo y de su pulso, parece ser una estupenda manera de libramos de que aquella univocidad que lo amenaza, sea la que triunfe sobre nuestra percepción y nuestro conocimiento. En el principio, “descubrir” América fue una manera de lograrlo. Dibujarla ahora, parece ser otro genuino modo de insistir.
|